Abánades 2013. “LA BATALLA OLVIDADA” 75 Aniversario

III JORNADAS DE PROMOCIÓN HISTÓRICO CULTURAL DEL ALTO TAJUÑA

Una solitaria gota se mantenía en el filo del casco del teniente Utrera haciendo amagos de descolgarse mientras bailada de un lado a otro de la visera resistiéndose a ser arrastrada por la fina lluvia que había acompañado toda la mañana.

     Mata baja, poca cobertura, ataque de frente y cuesta arriba… me cago en mi calavera – susurro entre dientes, mientras tenía un recuerdo grato para la familia del “estratega de salón” que había diseñado la ofensiva a aquel cerro.

El reducido pelotón se encontraba esparcido por las jaras y los arbustos que sembraban la falda de la loma haciendo patria y cobertura del matojo más cercano y quien más quien menos arrimándose un pitillo a la sombra de la palma de la mano para que la brasa no se mojase, y esperando, porque no solo las horas de reptar y reptar en la oscuridad para colocarse a 300 metros de las posiciones franquistas les habían quitado la ganas de reír, sino que la visión de la cresta y lo escaso de la cobertura les había dejado claro que hoy iban a tocar malos naipes y que alguno de los que estaban allí esperando iba a ir bien servido de plomo antes de llegar a la cresta.

       ¡Mi teniente! – dijo el sargento Pareja reptando a la altura del teniente – ¿Cómo se supone que vamos a infiltrarnos en las posiciones si 10 metros adelante no crece ni un romero que me llegue a la altura de los… -se detuvo para no decir un taco- de las pantorrillas? –corrigió – Esto es una loma calva, en cuanto toquemos al asalto nos van a disparar como a palomos.

El teniente Utrera se giró y miro sombrío al sargento.

      Pareja, a callar. Si quería hacer estrategia haber ido a la academia, esto es lo que hay y punto, prepáreme al personal y no quiero oír ni el pedo de una mosca antes de que yo lo diga. ¿Conformes?

    ¡¡¡Susordenes mi teniente!!! – Respondió de inmediato Pareja llevándose el índice a la visera sin levantar mucho la cabeza del suelo.

Entre las retamas el cabo Sánchez iba agachado de soldado en soldado susurrando:

         ¿Tenéis un cigarro? – Los míos se me han mojado.

      ¡¡¡Ya estamos!!! Cuando no te sientas encima, se te mojan, y cuando no, los pierdes, eres un gorrón. – protestaba el soldado Climent apartando los víveres de su morral y alcanzándole un cigarro al cabo.

    Climent, de hoy no pasa sin que te meta un paquete. – respondió Sánchez arrimando lumbre al cigarro.

        ¡¡Callarse coño!! – bufó Fran – Todavía nos descubrirán con vuestras tonterías.

      Lo tuyo sí que es tontería. – arremetió Climent sonriéndose- Que huevos se te había perdido aquí para venir de las américas a que te revienten en un cerro perdido.

       La familia, ya sabes. Y además lo he contado mil veces no sé que me vienes a tocar las narices con eso. – se detuvo en seco – Y si no te vale de excusa pues por la concha de tu madre que sale en las guías turísticas de media América.

La conversación fue atajada por el cabo Ramón y el soldado Aguilar que salieron de la espesura arrimando una bota.

      ¿Qué? Un tiento al morapio antes de subir la loma. Mirad que sienta muy mal hacer ejercicio en ayunas. – dijo Ramón extendiendo la bota a Quique que estaba preparando “la maquina”.

         Yo no, gracias – respondió este parando el gesto con la palma.

    ¡Coño! – dijo Ramón – ¿Qué estás haciendo Cuaresma? ¿No me vas a rechazar el vino? A ver si tengo que avisar al comisario de que tenemos aquí a un “emboscao”.

     Deja, deja – atajo Fran recogiendo la bota al vuelo. – A ver si luego empieza a temblarle el pulso y nos envía a nosotros sus “pepitas”.

Conforme apuraban las caladas, llevando casi la brasa al borde de la boca, la bota iba desfilando cantando las delicias de los derivados de la uva. Y así en su ir y venir cada uno se fue reuniendo con sus pensamientos dejando hueco al silencio.

      Sabéis,… – dijo Sánchez mirando el cielo plomizo y el cortado de la silueta de la colina en el horizonte – …cuando empezó la guerra yo pensaba en batallas de grandes nombres, Madrid, Valencia, Sevilla… no sé, al menos un Orense… pero esto… – se quedó unos segundos pensativo – ¿Cómo decís que se llama el pueblo?

        Abánades – respondió Ramón.

       Abánades, Vilvestre o sabe dios, que más da… No me acuerdo de la mitad de los nombres de los pueblos que he recorrido desde que empezó la guerra, todos se me parecen. La cresta de hoy, el pueblo de ayer… Podríamos estar en Extremadura y tanto daría, esto es una larga sucesión de pequeños pueblos. No estamos asediando Roma, esto es lo de siempre, la vieja España de peña y pueblo – dijo Climent perdiendo un poco la paciencia.

      Ya, pero así y todo Sánchez tiene razón, creéis que alguien se acordará de esto, de este día, de esta loma. – Fran recorría con los ojos el paisaje para dejar caer la mirada al fin sobre sus manos.

   Esta colina es tan huérfana como cualquier otra.- intervino Aguilar – No se merece mucha más atención, ni siquiera tiene un nombre sino solo un número. Si dentro de 70 años alguien se acuerda del día de hoy probablemente lo bautice como “El salto a la colina sin nombre” o “La batalla olvidada”.

El sargento Pareja llego andando en cuclillas hasta colocarse a su lado.

      ¡¡¡Silencio la cháchara!!!, el resto ya están en posición, en 5 minutos asaltamos así que recoged todo y preparaos.

Con el leve murmullo de la lluvia de fondo se fueron guardando bultos, cerrando macutos, ajustando correas. Por último formando una línea avanzaron reptando hasta el borde de la vegetación intentando esconderse en los últimos jirones de verdura, en espera de la orden de avanzar.

El último sonido audible fue el chasquido del cerrojo de la ametralladora.abanades 2013 aproximacion posiciones

Y de nuevo la lluvia…

El teniente Utrera miraba el segundero de su reloj mientras este recorría velozmente la esfera arrastrando a rebufo la aguja del minutero que con un paso corto se colocó en punto.

   ¡¡¡Andando!!! – dijo Utrera al grupo sin mucha ceremonia – cabeza baja, pegados al suelo y nada de canciones. Tenemos que acercarnos lo máximo posible antes de lanzar el asalto.

Con un leve murmullo de vegetación los soldados fueron arrastrándose poco a poco metro a metro saliendo de sus coberturas. A unos doscientos metros pendiente arriba se vislumbraban todavía en media penumbra la primera posición de los rebeldes, colgada en un balcón en medio de la pendiente. Una pequeña trinchera acorazada de sacos terreros de la cual asomaban dos ametralladoras que anunciaban un difícil asalto y ratificaban los peores augurios.

        ¡Quique! – Utrera puso una mano en el hombro de su ametrallador – Si alguien asoma por encima de esos sacos ya sabes… ráfagas cortas de izquierda a derecha pero sin entusiasmarse. Con que agachen la cabeza nos vale, hay un largo camino a la cumbre. – hizo ademan de avanzar para incorporarse al grupo, pero se detuvo en el último momento – Y tíralas altas ¡¡¡eh!!! No vayas a “aviar” a alguno de los nuestros.

Quique no se molestó en responder se pasó la colilla del purito que fumaba de una comisura a otra y asintió en silencio como quien a pesar de las instrucciones del director de orquesta ya se sabe bien la sinfonía a interpretar hoy.

abanades 2013 preparados asalto

En absoluto silencio, paso a paso, surgieron de la vegetación, mirando antes de colocar el pie en el suelo y apoyándose con las manos para asegurar el siguiente movimiento, solo estando a escasos metros del grupo se hubiese oído el rumor con el que la vegetación anticipa las malas intenciones del depredador. Mirando a la izquierda podían contar una treintena larga de soldados avanzando con ellos. Sin embargo sabían que en ese asalto habían invertidos no menos de 300 muchachos, lo más granado de la brigada. Por el contrario, a ellos les había tocado el maldito flanco que no dejaba de ser “bailar con la más fea” por la responsabilidad que implicaba ya que por los flancos se podía copar al enemigo… y también ser copado.

Cuando apenas habían abandonado la protección de la vegetación un tiro rasgo el silencio, el sonido recorrió el cielo de izquierda a derecha como una saeta, siguiendo al proyectil lanzando a todo el mundo a tierra

El eco del disparo parecía tomarse una eternidad en extinguirse y cuando por fin se extinguió del todo, a pocos de los presentes les quedo alguna duda de que aquello había sido el aldabonazo de entrada del ejército republicano. Y si por si acaso quedaba algún franquista despistado, semejante tarjeta de presentación le habría desperezado a base de bien. La sospecha se confirmó a los pocos segundos cuando una bengala surgió de una de las trincheras incrustadas en la cresta de la colina, escalando el cielo con rapidez para colocarse a la vista de todos como lucero de un alba sombría.

Pareja observaba la brillante luz blanca mientras recorría un arco y comenzaba a descender perezosamente.

         Ahora sí que la hemos “cagao” – murmuro para si.

Y sin haber terminado la frase el primer proyectil impacto a una veintena de metros por detrás levantando a todo el mundo unos milímetros del suelo y regándolos con trozos de hierba y terrones.

     Pues sí que ha durado poco la infiltración de los cojones – mascullo Ramón mientras apretaba el casco contra su cabeza.

Y en un momento aquel retirado y pacifico paisaje de la Alcarria se convirtió en el vestíbulo de todos los infiernos con proyectiles lloviendo de forma regular levantando surtidores de tierra y piedras y ametralladoras franquistas castañeteando esa vieja melodía tan bien conocida por quien ha estado en el frente.

       ¡¡¡Moveos, buscad cobertura!!! – Aulló Utrera – ¡¡¡Aquí estamos al descubierto, vamos vamos!!! –  vociferaba mientras obligaba a sus soldado a levantarse agarrándolos del cuello de la guerrera y poniéndolos en pie instándolos a avanzar a pesar de la granizada de balas y morteros que les rodeaba.

abanades 2013 asalto disparando         Al poco habían recorrido una cincuentena de metros en carrera desbocada colocándose a cubierto de las ametralladoras en un punto ciego de la falda de la colina… y por milagro todos enteros ya que lo peor del fuego se lo habían “comido” en el sector central del avance, donde los esfuerzos y el personal se hacían más evidentes a los defensores.

Quique llego escasos segundos después resoplando por el peso del fusil-ametrallador.

          O mucho me equivoco… – señal mientras intentaba recuperar el resuello – o a alguno de esos cabrones le he “ticao” el billete para ir a ver a su creador.

Utrera observó la bocacha humeante del fusil-ametrallador antes de intervenir levantando la voz para hacerse audible entre el escándalo circundante.

        Ramón cuando os indique coges a la mitad y vas conmigo por la izquierda de la trinchera. Sánchez tu acompañas a la otra mitad siguiendo al sargento, aprovechad esos matorrales a ver si les podéis entrar por la derecha. Quique tu nos cubres en el asalto. Fran tú le asistes con la máquina, ¿estamos?

Todos asintieron con gravedad. Inútil responder ya que el fuego de contrabatería republicano venia de entrar en escena sumándose a la fiesta.

Separándose en dos grupos se colocaron en posición esperando el momento propicio para asaltar. Desde la trinchera que sería su siguiente objetivo en la escalada, a unos 150 metros, las dos ametralladoras escupían fuego mientras ocasionalmente se asomaba algún observador para corregir el tiro.

Mientras aguardaban, un proyectil vino a impactar justo en el centro de la trinchera.

      ¡¡¡Coño que suerte!!! – se sobresaltó Utrera al ver el impacto – Ésta la pintan calva. – se dijo mientras alzaba el brazo para dar la orden de asalto – ¡¡¡Vamos ahora!!! Antes de que se recuperen. ¡¡¡Adelanteee!!!!!

abanades 2013 1ª trinchera    Mientras Quique sembraba el borde del parapeto enemigo de balas, el resto de infantería asaltó cuesta arriba en medio del griterío y maldiciones. Dos granadas fueron la tarjeta de presentación en la trinchera. Y cuando estaban a escasos veinte metros de rebasar el parapeto, dos soldados franquistas saltaron a la carrera intentando escalar hasta el siguiente punto defensivo, uno de ellos cayendo por el camino, abatido de dos tiros en la espalda. Y el otro consiguiendo huir serpenteando entre los matorrales.

Con un golpe de culata Aguilar tumbó algunos sacos que guarnecían el exterior de la trinchera facilitándole el salto a su interior. Climent le seguía en corto y por el otro lado llegaban Sánchez y Pareja. En su interior tres soldados yacían despanzurrados, muertos, uno de ellos todavía enganchado a la ametralladora, que aun siseaba y humeaba bajo la lluvia debido a la temperatura que había cogido el cañón durante la desesperada defensa.

Sin dejar de observar los alrededores todos cogieron sitio intentando recuperar el resuello que habían dejado perdido en la alocada carrera que les había llevado a la trinchera.

abanades 2013 un respiro asalto

Al poco llego el cabo Ramón asomándose con dificultades al borde de la trinchera y dejándose caer dentro.

     ¡Su puta madre! – dijo entre grandes resoplidos mientras intentaba capturar todo el aire circundante y arrastrarlo hacia sus ansiosos pulmones – Me cago en la hora que empezó esta maldita guerra y me cago en la hora en que me alistaron. Quien me mandaba a mí… que yo me dedicaba a vender pisos en Valencia. ¡Joder! Lo más parecido a un bosque que he visto y que quería ver eran las hojas de lechuga que me ponen al lado de los salmonetes.

Todos rieron a coro en parte por la gracia y en parte por alivio, porque era casi un milagro haber llegado allí y haber conquistado la posición sin sufrir ninguna baja.

Fran y Quique llegaron escasos minutos después arrastrando el fusil-ametrallador y la munición. Sin mediar palabra rebasaron al grupo y colocaron la ametralladora en el siguiente punto, en previsión de lo que sería la segunda etapa del asalto a la cumbre.

     Venga no nos durmamos que el resto sigue avanzado y hay que mantener el ritmo. – señaló Utrera –  El siguiente punto fortificado está a unos 100 o 120 metros hacia arriba pero se ve con dificultad, y aparte, ya nos estarán esperando si el tipo que se ha fugado de la trinchera les ha conseguido advertir. Quique nos cubre, guardad unos 3 metros entre cada uno y avanzad todo lo rápido que podáis. Llevad granadas a mano. A partir de ahí estamos a ciegas, es posible que tan pronto nos vean avanzar empiecen a reforzar con rapidez y que la subida se convierta en un calvario. Así que cuando más rápido nos hagamos con ella menos nos costara conquistarla.

La mayoría de los presentes siguió los gestos de Utrera mientras explicaba el siguiente paso. Efectivamente unos matorrales que se encontraban a medio camino entre la trinchera que ocupaban y la que se encontraba cerca de la cumbre enmascaraba la posición y era difícil intuir su forma o con que material contaban. Además el efecto de la pendiente y la escasez de cobertura facilitaba la labor de los soldados enemigos que tendrían un tiro fácil conforme se aproximaran.

      En posición – insto Utrera, dio varios segundos para que todos llegasen al borde interior de la trinchera y se preparasen para el siguiente salto – ¡¡¡Adelante!!!

Y a partir de ahí todo fue de mal en peor. Tan pronto saltaron fuera de la trinchera los franquistas prevenidos y preparados abrieron fuego sobre ellos, no solo habían previsto el movimiento, sino que al crear la segunda posición se habían asegurado un perfecto fuego en desenfilada sobre la primera para defenderse en caso de que ésta fuera conquistada. Y así nada más avanzar empezaron a recibir una granizada de balas.

abanades 2013 2º asalto     Los proyectiles se hundían en la tierra húmeda frente a ellos con un sonido sordo levantando pequeños surtidores de tierra.

Fran apretó con fuerza el fusil al ver una fila de pequeños surtidores avanzando rápidamente hacia él, dándole suficientemente tiempo para comprender, y sin embargo demasiado poco para reaccionar. La primera bala impacto en la culata del máuser partiéndola en dos lanzando astillas al aire. La segunda, que ya no vio puesto que había cerrado fuertemente los ojos, le atravesó limpiamente la pierna llevándole de rodillas al suelo. La tercera le atravesó el hombro destrozándole  la clavícula y arrancándole el aire de los pulmones.

      ¡Dios! – dijo son un suspiro de dolor en la voz mientras se desplomaba hacia atrás, rodando cuesta abajo otra vez al interior de la trinchera.

Cada nuevo paso les obligaba a hincar la punta del pie en la tierra para no resbalar pendiente abajo. Ocasionalmente detenían la marcha para devolver algún tiro y aunque luego, más tarde alguno lo negaría, más de uno murmuraba una letanía acompañando la agónica escalada que entre suplica y oración les mantenía la cabeza ocupada mientras apretaban el estómago anticipando el impacto de una bala que podría llegar en cualquier momento.

El único respiro lo tuvieron al llegar a la maraña de arbustos a medio camino hacia la trinchera, lo que impidió al enemigo colocar los tiros. Allí hicieron cuerpo a tierra mientras Utrera se adelantaba un poco y observaba la posición enemiga.

     Escuchad – dijo mientras retornaba con ellos – Nos quedan no menos de 75 metros pero no vamos a llegar, es un claro total y un avance de frente, en cuanto rebasemos la maraña de arbustos estamos tiesos. ¿Cuantas granadas os quedan?

Cada uno de ellos fue mostrando las suyas a modo de respuesta, 4 toneletes de hierro surgieron a relucir.

         Y una de humo mi teniente – intervino el sargento Pareja.

      Bien a mi señal Aguilar, Climent y Sánchez tiráis una contra la trinchera, y por vuestro padre atinad que en ello nos va la vida. Pareja tu largas la de humo y tan pronto tengamos un poco de cobertura que Dios reparta suertes.

abanades 2013 preparando granadas      Todos asintieron y sin mediar palabra se acercaron al borde de la espesura colocando el fusil en el suelo, a su lado. Agarrando las granadas con fuerza y apoyando un brazo para así facilitar la labor de incorporarse y lanzar la granada a su vez.

         ¡¡¡Ahora!!! – grito Utrera.

A su orden siguieron cuatro granadas que volaron dejando un leve rastro de humo del sistema pirotécnico por el camino. Dos quedaron cortas estalladando a escasos metros del muro exterior. Pero la de Climent paso larga y al rebotar en la pared interior fue a caer dentro de la trinchera estallando allí, se escucharon gritos desde su interior y por un momento cesó el fuego.

   ¡Coño Climent! Eres grande – le dijo Utrera sonriendo – Ahora al asalto. ¡¡¡Vamos!!!

Tan pronto el humo se extendió un poco, se lanzaron hacia la trinchera. El fuego de artillería republicano se había detenido con la progresión del ataque por lo que facilitó a los morteros rebeldes volver al trabajo, y así los primeros proyectiles comenzaron a caer de forma dispersa apenas hubieron salido de los matorrales.

Todos avanzaron directamente hacia la trinchera enemiga casi como si tocar su pared de sacos les fuese a garantizar algún tipo de inmunidad frente a la que estaba cayendo. Avanzaban a trompicones intentando mantenerse de pie, resbalando para alzarse de nuevo otra vez y así fue como a mitad de carrera entre el cielo y el infierno una bala alcanzo al sargento. Fue rápido, mientras instaba al resto de los soldados al avance, retrasado unos metros, subfusil en mano. Una bala le impacto de lleno en el pecho, justo en el centro. Y así, sin un sonido de protesta se desplomó en el suelo, quedando tirado en el mismo lugar donde fue alcanzado.abanades 2013 caido

Internándose en la nube de humo Sánchez, Ramón, Aguilar y el teniente alcanzaron el borde de la trinchera, ya apenas guarnecida. El único defensor visible cayó fulminado por un pistoletazo cortesía de Utrera tan pronto asomo la cabeza por encima del parapeto.

Aupándose por encima del borde saltaron al interior de la posición defensiva. Allí  un soldado asistía a un compañero que estaba en las últimas, probablemente por el estallido de la granada. Hizo un amago de alcanzar su fusil, al ver a su compañero caer muerto a su lado tras el tiro del teniente, pero al verse superado desistió de su empeño levantando las manos de inmediato.

   –     ¡Tu! ¡Cabrón! Las manos donde pueda verlas. – urgía el cabo zarandeando al prisionero.

Sánchez le dedicó una rápida mirada al herido, y sin apenas tocarlo, viendo el aspecto de sus heridas en el tórax sentenció:

          No hay nada que hacer por éste.

Mientras Aguilar comenzó a inspeccionar el lugar revolviendo los enseres y artículos que había esparcidos por todo el fondo de la trinchera.

abanades 2013 trinchera facciosa

Al poco rato llego Quique con la maquina al hombro ayudando a Climent que había sido derribado unos metros más atrás por una explosión de un mortero. Sin embargo, al margen de algunos arañazos en la cara, parecía tener todas sus piezas en el sitio.

      Fran está tocado.- anunció Quique – Está un poco jodido, pero creo que se recuperá. Al suertudo seguro que lo licencian de ésta. – Luego se quedó en silencio unos segundos – Sin embargo el sargento ha caído. Parece que ha sido rápido, me lo he encontrado a mitad de camino… un tiro limpio.

Todos acogieron las noticias con resignado silencio, poco para lo que podía haber sido, pensaba alguno, y sin embargo todavía estaban lejos de controlar la cumbre.

Algunos minutos después el asalto por el sector central comenzó a penetrar las defensas franquistas. Rebasando las primeras posiciones, el avance arrollador se había detenido, casi en seco a escasos metros de la cresta debido a una espesa línea de alambradas y a una enconada defensa rebelde que estaba echando los restos para no ser expulsados del cerro.

Utrera observaba la acción con sus prismáticos asomado por el borde del parapeto, mientras el resto de sus hombres aprovechaban la pausa para pasar una cantimplora o echar un cigarrillo.

     Vamos a echarles una mano.- Sentenció Utrera – Si atacamos por su flanco podemos distraer algunas fuerzas y ayudar al impulso en el centro.

        Pero teniente somos cuatro gatos. – protesto Ramón – Y la ametralladora anda escasa de munición.

    Rebuscad por aquí a ver si podéis encontrar algo de munición. Revisad los cuerpos y mirad a ver si podemos aprovechar alguna de las dos ametralladoras.

Aguilar intervino mostrando un par de “laffites”:

        He encontrado dos granadas en el fondo de la trinchera, pero me temo que las ametralladoras están inutilizadas.

        Pues tendrá que servir. – Respondió Utrera – Preparaos para asaltar de nuevo. – anunció atajando toda réplica.

La noticia fue acogida con algunas protestas manifestadas por lo bajo y algún taco más alto que el teniente ignoró. No prestó mucha atención a lo que solía ser la cantinela típica cada vez que se les pedía un esfuerzo adicional.

Las últimas fuerzas franquistas estaban alojadas en la cima de la colina, parapetadas por un muro de piedras al cual le habían abierto troneras por las cuales disparar sin riesgo para el tirador. Y para colmo había sido reforzado con sacos terreros que convertían el muro en un obstáculo de 1,70 metros difícil de franquear sin ayuda.

Todos observaron cómo progresaba un nuevo asalto republicano. Los tiros y explosiones aumentaron en intensidad conforme los primeros soldados comenzaron a rebasar las alambradas, de las cuales colgaba ya algún cadáver del asalto anterior. La progresión era desesperantemente lenta y sangrienta, y por cada metro avanzado se podía ver algún cuerpo que se quedaba rezagado en el suelo, herido o muerto.

abanades 2013 caido

          Vamos, ahora es el momento. – anuncio Utrera.

Esta vez sin protestas, aceptando el nuevo asalto de manera resignada, todos ocuparon las posiciones de salida. Quique colocó el fusil-ametrallador y lo afianzó en su posición abriendo el bipode para que aguantase firme encima del parapeto. El resto introdujeron nuevos peines de munición en sus respectivos fusiles bloqueando el cerrojo con un chasquido.

Una nueva andanada de artillería republicana marcó la señal. Y con un gesto del puño de Utrera saltaron con un resorte común salvando la seguridad del parapeto y arrojándose de nuevo en manos del destino.

Ahora la noche empieza a caer. La lluvia amainó hace unas horas permitiendo secar los uniformes y liar algún pitillo sin las ansias de tener el agua cerca. En el inicio del crepúsculo la sombra del cerro, por la mañana amenazadora, protege ahora a propios y extraños, casi entrelazados intuyéndonos a escasos metros pero sin atrevernos a atravesar la negrura, por miedo a lo que de momento son sospechas, se conviertan en certezas y tengamos al enemigo más cerca de lo que nos pensamos. Y tal vez es ese miedo el que nos garantice una noche tranquila, ya que no existe peor enemigo que el que no se ve pero se sospecha.

Por el camino han caído casi todos, ahora solo quedamos cuatro.

Fran ha sido evacuado a la retaguardia, pero el sanitario nos dijo que no pintaba mal, igual hasta vuelve a las américas a contar todo lo que ha visto aquí. Pareja ya descansa entre otros compañeros, y en cuanto le sea posible, Utrera le escribirá una carta a la familia o la escribirá al dictado, porque en el último asalto recibió un tiro en la mano que le arranco la pistola y los dos dedos que la sujetaban. Podría ser peor, se la tendrá que coger con la zurda el resto de su vida. Pero siempre es mejor suerte que la de Sánchez que se quedó casi al borde del muro de piedra enganchado en una alambrada, sabiendo que lo suyo eran habas contadas. Allí estuvo revolviéndose unos segundos intentando liberarse hasta que algún tirador prevenido por sus maldiciones le sello el pasaporte a la otra vida de un tiro limpio, todavía se ve su silueta en medio de la penumbra porque nadie ha tenido huevos a recoger su cuerpo. Ya que aunque ahora parece desierta todavía tiran ocasionalmente desde la cumbre.

A Climent se le ha empezado a apodar “El Bendito”, porque cuando nos estábamos replegando volvió a caerle un pepino estando junto a Aguilar, que esta jodido y es posible que pierda una pierna, pero a él nada, un par de rasguños en el brazo y poco más. Será bendito pero como que hay Dios que no dejo que se me acerque en el próximo asalto. Yo creo que más que bendito es cenizo y que no solo atrae los morterazos sino que quien está con él se los lleva de lleno.

Quique fuma su eterno purito mientras aguanta la maquina apoyada en el hombro y mira ladera abajo, por donde se han llevado a Aguilar dos camilleros hace un rato, seguido de Utrera para que le miren la mano.

Ramón se ha quedado al mando, esta rellenando el estadillo del pelotón. Cuando aparece un mensajero y nos anuncia que dado que somos pocos nos van a integrar en otro pelotón que también esta diezmado. Y que nos preparemos, que mañana lo volvemos a intentar.

Observo la quietud del paisaje ladera abajo, y sus contornos me llevan a las siluetas de las casitas apelotonadas allí abajo en el valle junto al rio, Abánades, dijo que se llamaba el pueblo.

Cierto es, cuando pienso para mis adentros, que es difícil que alguien se acuerde de este día dentro de setenta y tantos años y de lo ocurrido en este paraje tan remoto, sin embargo no creo que para nosotros llegue nunca a ser una batalla olvidada.

………………………………………………………………………………………………………………….

abanades 2013 participantes republicanos Frente Madrid-Ejército Turia

Nota del autor: Esta es una crónica de la recreación histórica de “La batalla olvidada” suceso histórico ocurrido en Abánades durante la Guerra Civil. Narra más o menos los hechos sucedidos durante la recreación pero con un tiente de ficción histórica (y con alguna licencia del autor)  en lo que pretende ser un pequeño homenaje de los miembros de la asociación de recreación histórica “Ejercito del Turia” a los verdaderos soldados “olvidados” de ambos bandos que durante aquel verano de 1938 dieron sus vidas luchando en aquellos remotos parajes.

Sirva pues esto como sentido recuerdo y homenaje.

 Ángel Sánchez, a 10 de Julio de 2013.

…………………………………………………………………………………………………………..

Si algún autor de las fotografias quiere adjuntar su nombre a su obra sólo tiene que ponerse en contacto con nosotros a través de este blog.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>